sábado, 16 de septiembre de 2017

¿Pueden los filósofos cambiar la sociedad?

Agnes Heller
En una entrevista a Agnes Heller publicada en El País Semanal, Guillermo Altares le hace esta pregunta a la fílósofa húngara:  ¿pueden los filósofos cambiar la sociedad en la que viven? En su respuesta, Heller parte de la constatación de un hecho. En efecto, los filósofos han querido cambiar su sociedad. Pero después de señalar este aspecto común a todos los filósofos, ella subraya las diferencias. Sus palabras nos parecen de una gran claridad y de una enorme vigencia. Pasamos a transcribirlas:

"¿Pueden los filósofos cambiar la sociedad en la que viven? ¿Se sigue escuchando su voz? Marx dijo que los filósofos son los intérpretes del mundo y que solo los ciudadanos deben cambiarlo. Aunque es algo que me provoca ciertos problemas. Primero, los filósofos siempre han querido influir en la sociedad en la que vivían. Nunca se conformaron con explicarla. Pero la pregunta es saber con qué medios y objetivos querían hacerlo. Y muchas veces han querido convencer a los líderes absolutistas para llevar a cabo esas transformaciones. Desde Platón y el tirano de Siracusa hasta Sartre con Fidel Castro o Kruschev. Es el camino equivocado, nunca llegaron a persuadir al dictador de nada, solo mancharon su nombre. Pero hay otro tipo de pensadores que quieren participar en la vida pública, convencer a la sociedad, ofrecer un servicio, como Spinoza o Kant. Su filosofía era: utilízalo o déjalo de acuerdo con tus necesidades y tus intereses, son solo recomendaciones. Es lo que hizo por ejemplo John Locke, que influyó en los padres fundadores de la Constitución estadounidense. Nuestro deber es escribir libros, dar charlas, servir al público".

miércoles, 23 de agosto de 2017

Causas del terrorismo islamista

Mosaico de Las Ramblas (Miró)
Los recientes atentados en Barcelona y Cambrils, pero también los de Londres, París o tantos otros lugares dentro y fuera de Europa, hacen imprescindible preguntarnos por las causas del terrorismo islamista. Necesitamos una respuesta que nos permita entender algo de un horror que nos ha tocado tan cerca, y que más allá de nuestras fronteras se realiza por musulmanes y contra musulmanes, entre los que se encuentran la mayoría de las víctimas.

Por esa razón nos preguntamos qué lleva a estos grupos de jóvenes a realizar matanzas indiscriminadas de personas indefensas y anónimas en nuestras ciudades. Pues bien, comenzaremos diciendo que la respuesta no puede ser simple. El fenómeno terrorista es complejo, tiene múltiples dimensiones, y la respuesta ha de intentar recoger esa complejidad. Además, nos encontramos aquí con un grave peligro. Una respuesta demasiado simple sólo sirve para justificar extremismos que, cuando no son inmediatamente violentos, son semilla de violencia.

Entendiendo que no hay una causa única, sino un conjunto de factores en relación, empezamos encontrando causas sociales y económicas. Los efectos de la crisis económica internacional en los estados europeos y el fracaso de las políticas de inmigración e integración son dos de los factores que han dado lugar a una juventud con pocas posibilidades de futuro. Dentro de ella, una minoría incapaz de encajar en el marco de sus comunidades en Europa, encuentra en movimientos terroristas una salida a sus frustraciones. En concreto, la falta de integración social de inmigrantes musulmanes de segunda y tercera generación en algunos países europeos crea situaciones de exclusión social que han propiciado la adhesión de algunos jóvenes a estos movimientos.

Ademas de causas económicas y sociales, hay causas individuales, ligadas a los procesos de construcción de la propia identidad. Muchos terroristas son jóvenes que, en una etapa crítica de su proceso vital, atraviesan periodos de búsqueda de valores y sentido sin que su entorno social pueda darles una respuesta. El joven, partiendo de esa experiencia de desorientación y sin la madurez necesaria para elaborar criterios propios de conducta, entra en contacto con alguna figura adulta cargada de autoridad, poder carismático y capacidad para argumentar, la cual le ofrece una explicación y una solución. La explicación consiste en señalar a un culpable de ese malestar, un grupo social determinado responsable de la realidad en la que se vive. La solución se encontrará en una respuesta violenta contra ese grupo, legitimada por un conjunto de ideas políticas, éticas y religiosas que lo demonizan, privándole de su carácter humano, y justificando su aniquilación. El semejante deja de serlo y, convertido en un monstruo responsable de la degradación del mundo, se convierte en algo que ha de ser destruido.

Junto a causas sociales, económicas e individuales, hay también causas geopolíticas. Una serie de conflictos internacionales que se remontan al menos al final del colonialismo europeo, la guerra fría y uno de sus últimos capítulos, la guerra ruso-afgana, dibujan un contexto de violencia constante en el que se desarrolla el terrorismo islamista. En ese contexto se pueden señalar algunos elementos actuales que explican su pervivencia, como la situación del Oriente Medio, el fracaso islamista en la llamada “primavera árabe”, la guerra de Irak, o la aparición del llamado Estado Islámico.

A las causas anteriores hay que añadir una más, indispensable, que es la del fundamentalismo religioso. Los terroristas islámicos invocan venganza ante bombardeos realizados sobre poblaciones civiles en el mundo musulmán, o ante las torturas sistemáticas realizadas por regímenes autoritarios apoyados por el Occidente democrático, y pretenden realizarla mediante una violencia apoyada en una concepción fundamentalista de la religión. Esta concepción afirma que el islam se ha ido contaminando a lo largo de los siglos con innovaciones provinientes del cristianismo, del paganismo, del mundo moderno, y su propuesta es volver a lo que ellos creen que es el origen del islam aplicándolo en su literalidad, la sharía o ley islámica. La aplicación literal de la sharía codifica de forma estricta la conducta y rige todos los aspectos de la vida. En sí mismo, este fundamentalismo religioso no se identifica con el terrorismo, pero es la condición para el yihadismo, consistente en la utilización de medios violentos para conseguir esta vuelta al origen. Al-Qaeda y el Estado islámico serían dos de sus formas.

Nos hemos preguntado por las causas del terrorismo islamista y la respuesta nos ha llevado a una diversidad de factores: económicos, sociales, individuales, geopolíticos, religiosos, entre otros. Esto nos descubre, a su vez, que las posibles soluciones no pueden ser simples. No basta con una intervención militar, o con la vigilancia policial, aunque sea imprescindible, porque el fenómeno no es sólo una cuestión de seguridad, sino que sus raíces son mucho más amplias. Al desarrollo de políticas de integración social y redistribución de la riqueza, abría que sumar el multilateralismo en las relaciones internacionales, el paso a un modelo de desarrollo global no determinado únicamente por el beneficio económico a costa de la naturaleza, de la pluralidad cultural, y de toda referencia a lo sagrado, así como el crecimiento en el mundo musulmán de corrientes religiosas reformistas que dialoguen con la modernidad, a pesar de sus gravísimas contradicciones.

Pero para terminar estas notas quisiéramos plantear una última cuestión. Además de nuevos atentados en nuestro país, en otros países de Europa o en el resto del mundo, hoy nos enfrentamos a otro peligro muy cercano: el de responder con odio al odio recibido. Y ése es sin duda uno de los objetivos de estos atentados, el de propagar en las sociedades occidentales el odio al Otro, encendiendo las diversas formas de xenofobia latentes o ya explícitas en nuestros países, provocando el choque entre identidades culturales en vez de su apertura mutua, para convertirnos también a nosotros en fanáticos creyentes de alguna explicación de la realidad que nos salve de la complejidad infinita del mundo. Ante ese peligro, cualquier ciudadano tiene en sus manos una solución: estar atento, en su día a día, a las semillas de fanatismo que encuentre en otros o en él mismo y no alentarlas, ni propagarlas, sino criticarlas, descubriendo las mentiras en las que se basan, para buscar el encuentro valeroso con el otro desde la fidelidad a las raíces siempre abiertas de nuestra identidad.

lunes, 14 de agosto de 2017

Bob Esponja, Calamardo y la filosofía

La filosofía consiste en intentar comprender la realidad y la realidad es un proceso de tensiones contrapuestas en el que encontramos posibilidades y límites, horizontes que se abren y caminos sin salida, proyectos buscados y situaciones no elegidas, fracasos y éxitos. Vamos haciendo nuestra propia vida respondiendo a la realidad en la que nos encontramos inmersos antes de toda decisión y, al hacerlo, descubrimos una orientación en las respuestas de otras personas, o también de personajes de ficción, a los retos que sus circunstancias les presentan. Sus ejemplos nos pueden guiar, como a los marineros una carta de navegación o la luz de un faro en medio de la noche.

Buscando orientación para comprender la realidad y a nuestra vida en ella podemos acercarnos a grandes personalidades de la historia, a profundas biografías de científicos, poetas o filósofos, pero también a personajes de la cultura popular como, por ejemplo, Bob Esponja y Calamardo Tentáculos, porque las respuestas no están sólo en las cátedras, sino en cualquier rincón de este mundo. En este sentido ¿qué nos enseñan sobre la realidad estos dos personajes?

Bob Esponja
Bob Esponja ve sólo la mitad luminosa de la realidad y está ciego para todo lo demás. Por esa razón responde a los desafíos sin ver nunca las limitaciones, los caminos cerrados o los fracasos anunciados. Mil veces suspenderá el examen de conducir y mil veces lo seguirá intentando. Cada mañana comenzará un nuevo día de trabajo en el Cangrejo Crujiente con una sonrisa y, a pesar de un jefe al que sólo le importa el dinero y un compañero que no soporta su felicidad, intentará ser una vez más el empleado del mes. Para él no existe el desaliento porque no ve las limitaciones de la realidad, sólo sus posibilidades abiertas y su perpetuo recomenzar. El resultado de esa comprensión parcial de la realidad es su eterna e ingenua risa.

Calamardo Tentáculos
Calamardo, por su parte, sólo ve la mitad oscura de la realidad, sus limitaciones, sus caminos cerrados, el fracaso de todos los sueños y el fin que espera a cualquier ilusión, al igual que tantos y tantos habitantes de fondo de Bikini, que se arrastran desanimados de la casa al trabajo y del trabajo a casa, con una permanente actitud de aburrimiento y malestar. Calamardo ensueña una vida de lujo y reconocimientos que le saque de una realidad que no soporta, responde con cinismo al discurso feliz de su vecino Bob Esponja y persigue con rabia todo atisbo de ilusión que aparezca a su alrededor. El resultado de esa comprensión parcial de la realidad es una actitud de enfado y un gesto permanente de disgusto.

Por lo tanto, Bob Esponja y Calamardo se complementan, son la cara y la cruz de una comprensión parcial de la realidad. Uno de ellos sólo ve los caminos abiertos, el otro los cerrados. Uno las posibilidades y las ilusiones, el otro los límites y los fracasos. Ambos nos enseñan lo que sucede cuando no somos capaces de comprender la realidad en su amplitud y nos quedamos sólo con una de sus dimensiones, la luminosa o la oscura. Si sólo vemos los caminos abiertos y no los límites, nos embarcaremos en proyectos imaginarios que tarde o temprano chocaran contra la dureza inflexible de lo real. Si sólo vemos las limitaciones, ni siquiera nos podremos en marcha para realizar nuestros deseos y nos refugiaremos en ensoñaciones ficticias que nunca se harán realidad.

Pero seguimos buscando. ¿Habrá en la serie algún personaje que no sea ejemplo de esta parcialidad? Un personaje capaz de soñar, pero con los pies en la tierra, capaz por tanto de hacer proyectos, es decir, de asumir limitaciones y posibles fracasos, pero afirmando las virtualidades que la realidad también nos ofrece. Soñar con los pies en la tierra, y no sólo soñar más allá de la tierra, como Bob Esponja, o vivir en una tierra sin sueños, como Calamardo. ¿Quién será ejemplo de una comprensión más amplia de la realidad? Alguien así tiene que ser valiente, para afrontar peligros, y fuerte, sin caer en el abuso, inteligente para descubrir las posibilidades de lo real, curiosa e investigadora para responder a sus misterios. Si conoce los límites de la realidad y también sus virtualidades, será emprendedora y resuelta, capaz de acometer proyectos bien asentados. 

Arenita Mejillas
Pues bien ¿que personaje en la serie es valiente, fuerte, inteligente, curioso, y resuelto? Sólo hay una respuesta. Es Arenita, por supuesto, Arenita Mejillas, ardilla nacida en Texas, y que a pesar de ser un animal terrestre, es capaz de vivir bajo el agua gracias a una gran cúpula de cristal y su traje de astronauta. Experta en karate, es la más fuerte de fondo de Bikini. Le gusta enseñar a los demás y como científica e inventora, ha construido un teletransportador, un rayo separador molecular, una máquina de capuchinos e incluso un cohete para llegar a la Luna. ¿Y cuál es el gesto que la define? ¿La risa ingenua de Bob Esponja o la mueca torcida de Calamardo? Ninguna de las dos. Es más bien una sonrisa franca, abierta, y una mirada aventurera, confiada en el porvenir...

sábado, 5 de agosto de 2017

Fecundidad, diacronía y resurrección en Lévinas

Emmanuel Lévinas
¿Es el paso del tiempo comprendido como un progresivo envejecer el único futuro que le espera a la subjetividad? ¿Qué significa verdaderamente “tener un futuro”? ¿Es la fecundidad una respuesta a esta pregunta? En la generación del hijo, el sujeto desborda su propio tiempo y se hace capaz de un destino distinto del suyo. ¿Cómo entender entonces su identidad, una identidad que continúa en el otro? ¿De qué otros modos se ve afectado su ser por el hecho de ser fecundo? ¿Qué nos enseña todo esto acerca de la naturaleza del tiempo? Y la palabra resurrección ¿qué papel juega aquí?

Éstas y muchas otras cuestiones son tratadas en el denso artículo de Ángel E. Garrido Maturano titulado “Fecundidad, diacronía y resurrección en Lévinas” A continuación adjuntamos el artículo para su lectura directa y un resumen del mismo.




jueves, 27 de julio de 2017

En qué consiste pensar

"Vértigo" de Alfred Hitchcock
Cuando pregunto a mis alumnos en qué consiste la filosofía para ellos, casi siempre me contestan: la filosofía consiste en pensar.

Bien, pero ¿qué significa pensar? Ante esta pregunta, ensayaremos de forma tentativa una respuesta. Sólo un primer paso, si es que en estos asuntos un primer paso es posible.

Pensar consiste en ir de algo a su principio, y regresar desde el principio hasta el punto de partida, para descubrir que ya nada es igual.

Pensar consiste en partir desde algo que aparece, se muestra o se revela inquietándonos, zarandeando nuestras creencias previas y provocando nuestro asombro, hasta alcanzar su razón o logos propio, su Idea explicativa (momento de progreso), para luego retornar desde el principio explicativo descubierto hasta el fenómeno de partida que buscamos comprender (momento de regreso). Y sin embargo la figura que dibuja el pensamiento al ir del fenómeno a su principio para luego regresar no es un círculo, puesto que en el regreso, el pensamiento descubre aspectos imprevistos del fenómeno que han de ser de nuevo comprendidos. En consecuencia, la figura dibujada por el pensamiento no es un círculo, sino una espiral. Entre el inicio y el fin, el pensamiento descubre una diferencia que lo impulsa de nuevo a recorrer la distancia entre ambos, abriéndose a un horizonte desconocido.

Comprendido de este modo en qué consiste pensar, añadimos a continuación tres características que desarrollan algo más esta respuesta.

Pensar es pensar algo y su principio al menos de tres modos: 1) críticamente, 2) trágicamente y 3) como celebración. Expliquemos brevemente cada uno de ellos.

En primer lugar, pensar algo es pensarlo críticamente porque el pensamiento no se detiene en una comprensión determinada de su tema sin ser infiel al movimiento que lo define: el descubrimiento de nuevos aspectos en el asunto del que se ocupa le fuerza a un nuevo alzado hasta el principio explicativo que permita su comprensión. En consecuencia, el pensar algo deja su criticismo y se convierte en dogmático cuando, abandonando su estructura en espiral, progresa hacia una comprensión determinada del fenómeno del que se ocupa, se detiene en ella y, sin regresar, da por finalizada su tarea.

En segundo lugar, pensar algo es pensarlo trágicamente porque entre el punto de partida y el punto de llegada del pensamiento hay una fractura que deja abierta y sin término su tarea, haciendo de su progreso y su regreso una espiral sin fin. En este sentido, pensar algo no tiene una estructura dramática porque no comienza con un planteamiento, continúa con un nudo y termina con un desenlace. Al pensar algo nos encontramos con un inicio siempre ya comenzado (no hay un primer pensamiento) y un final siempre trascendido (no hay un último pensamiento). Si pensar algo tiene un término, ese término es semejante a un acorde de séptima. La conciliación entre el principio y el fin se encuentra siempre por venir.

En tercer lugar, pensar algo es pensarlo celebrativamente: un pensamiento crítico fiel a su carácter trágico afirma a su vez esa fractura inextinguible entre el fenómeno y su principio, entre la pregunta y la respuesta, entre el misterio y la palabra que lo ilumina, haciendo posible gracias a esa afirmación el permanecer unido de lo siempre separado. Lo más lejano, y lo más cercano, el enigma y la solución, lo manifiesto y lo oculto, lo presente y lo ausente, permanecen juntos gracias a la insistencia crítica y trágica del pensamiento en la distancia que los separa. De lo contrario, en el pensar acrítico y dogmático cada término vuelve su espalda a los otros, a la espera de una ocasión propicia para el encuentro. Encuentro que vuelve de nuevo a celebrarse cada vez que alguien, inquietado por algo o por alguien que le incumbe, le aguijonea y le asombra, se pone a pensar.

sábado, 22 de julio de 2017

Notas sobre un texto de Eugenio Trías acerca de Dios

Eugenio Trías (foto de Joan Sánchez)
Buscando un texto sobre otro tema, abro las páginas de un libro de Eugenio Trías titulado “Tratado de la pasión” y me encuentro con una página acerca de Dios. Pero en estas notas no sólo citamos ese texto con intención de plantear el tema de Dios, sino porque encontramos en él una forma sucinta, breve, de adentrarnos en la obra de Trías. El texto dice así:

Dios no es ya, por otra parte, Sustancia Una que deja como saldo irresoluble, las antinomias parmenídico-platónicas de lo Uno y de lo Múltiplo o de lo Uno y de la entidad, sino que es, en su naturaleza misma, diferencia, escisión consigo mismo, autodesgarro, la cual diferencia funda un orden dual -de separación, de abandono, de vació, de dolor, de odio- que sólo en la tercera figura, el espíritu de amor, alcanza, en pura insistencia en el elemento diferencial, su conciliación, su Versöhnung” (TP, pág. 60).

El “Tratado de la pasión”, tal como escribe Trías en sus primeras líneas, pretende concebir la pasión como Idea nuclear desde la cual comprender la realidad. Desde "Los límites del mundo" será la Idea de Límite la que, de piedra desechada por la tradición, pasará a ser sin embargo piedra angular de su obra. Y en un texto posterior, “Pensar la religión”, escribirá también sobre el Dios del Límite.

¿Es la Idea de Límite el modo en el que Trías recrea y varía singularmente el tema de la Diferencia, central en gran parte del pensamiento contemporáneo? ¿Es la Idea de Diferencia o Límite la puerta magna para el planteamiento de lo divino en nuestro presente? Aquí simplemente planteamos estas preguntas y señalamos tres puntos presentes en el texto citado que nos ayudan a vislumbrar la arquitectura implícita en varias de las obras de Trías.

En ellas se trata de 1) una diferencia que, referida a sí misma, y por tanto autodesgarrada y escindida 2) abre un orden de separación, distancia e irreductibilidad 3) cuya conciliación se alcanza en la renovada insistencia en el elemento diferencial.

Y de este modo, partiendo de un orden de experiencia determinado, como la filosofía y su sombra, lo bello y lo siniestro, el ser y la nada, uno y sí mismo, lo manifiesto y lo replegado en sí, etc, (punto 2), el texto filosófico propicia un alzado a la razón o logos inscrito en tal orden, es decir, al límite o diferencia intrínseca (punto 1) a la luz del cual y desde cuyo movimiento propio (ser sí mismo en el puro diferenciarse de sí) se recrea el orden de fenómenos de partida como variaciones diferenciadas de lo mismo (punto 3).

¿Será el filosofar, según todo esto, un regresar a la caverna platónica después de liberarse de sus cadenas y haber visto el Sol, para retornar incesantemente a las sombras, acompañado de su luz? Esta posibilidad nos trae un recuerdo: aquella definición que Eugenio Trias hace de sí mismo según la cual no es sino un "exorcista ilustrado"...

domingo, 16 de julio de 2017

sábado, 8 de julio de 2017

Para qué escribe libros Foucault

Michel Foucault
“Mis libros son para mí experiencias, en un sentido que querría lo más pleno posible (…). Si debiera escribir un libro para comunicar lo que ya pienso antes de haber comenzado a escribir, nunca tendría el valor de emprenderlo. No escribo sino porque no sé aún exactamente qué pensar de algo que me gustaría tanto pensar... De modo que el libro me transforma y transforma lo que pienso”.

Una experiencia es algo de lo que uno mismo sale transformado”,

                                     Entrevista con Michel Foucault, D. E., IV, págs. 41-95, págs. 41-42


Hay una modificación del modo de ser que se atisba a través del hecho de escribir”.

Se escribe para ser otro que el que se es”.

                                         Arqueología de una pasión, D. E., IV, págs. 509-608, pág. 605